Mucho en Común tomó forma, a lo largo de casi tres años. Fueron 56 escenas y más de 40 mil fotografías que dieron vida a cinco minutos de animación. La fase de producción fue la más intensa: meses de concentración absoluta y largas jornadas en mi pequeño estudio en Ponce. Cada personaje fue construido a mano, uniendo diminutas piezas de papel para luego ensamblarlas en rigs. De los protagonistas llegué a crear hasta doce versiones, en tamaños que iban de seis a veinticuatro pulgadas; los más pequeños los cosí a mano. Cada plano requería pruebas de cámara, control meticuloso de la luz y una enorme dosis de paciencia. Las noches se extendían entre música, movimiento y precisión. Animar Mucho en Común fue un reto, un proyecto ambicioso que me enseñó bastante.
Este breve detrás de las cámaras es apenas un destello de ese recorrido: un resumen de horas, días y semanas de dedicación.